lunes, 9 de marzo de 2015

Discurso Público

Hoy  día, muchos valores considerados básicos por quienes poseen integridad, se han visto cuestionados dentro de lo que se ha constituido como un nuevo contexto político, jurídico y cultural, que muestra su hostilidad contra quienes sostienen principios tradicionales no negociables y hasta hace muy poco incuestionables, pero, en caso de serlo, presentados con argumentos sólidos y criterio respetuoso frente a quienes se proclaman como abanderados de las libertades, la igualdad y el pluralismo laicista.
En el nuevo criterio de juicio público se ha pasado a desacreditar opiniones, que aunque legítimas desde el punto de vista de quien las emite, causan escozor y un potencial juicio de descrédito por parte de sectores que pueden verse afectados con dichos conceptos.
Muchas veces, el ideario institucional en un discurso público, así como nuestras convicciones personales, se ven amenazadas por el racionalismo, que ataca y no permite dar a conocer opiniones diversas. ¿Qué ocurriría si todo en el mundo fuese homogéneo, sin posibilidades de disentir o controvertir? Por eso, Juan Pablo Cannata, profesor de la Universidad Austral de Buenos Aires, sugiere que este nuevo contexto genera una tensión latente en la conversación pública que otorga relevancia negativa a aquellos valores que son percibidos como contraculturales: comienzo y fin de la vida humana, matrimonio y familia, sexualidad y vida conyugal, derecho de los padres y madres a educar a sus hijos e hijas y, en otro orden, las mujeres en la Iglesia y el celibato sacerdotal, atacado recientemente.
Lo que importa y debe ser posible es ser coherente con la propia identidad, ser coherente con sus propias palabras. Ya Barack Obama el 16 de febrero de 2008 expresó: No me digan que las palabras no importan, “Don´t tell me the words don´t matter”, porque la sindéresis en ellas, para construir una sociedad mejor, a veces resulta una tarea compleja, porque cada cual posee su propio marco de interpretación.
Sin embargo, lo más importante y como nuestro primer valor, desde la orilla que se defienda, es el respeto de la dignidad de la persona, pues así, cada uno, construye su legitimidad y su capitalsimbólico, siempre fundamentados en la caridad, la credibilidad y la hondura de nuestros conceptos dentro del marco coherente de nuestros valores.
Posdata. Muy exitoso resultó el V Encuentro Internacional de Historia del Derecho, organizado el viernes anterior en la Universidad de La Sabana por el Grupo de Investigación en Derecho, Ética e Historia de las Instituciones “Diego de Torres y Moyachoque, Cacique de Turmequé”.

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