martes, 19 de enero de 2016

El anhelo de paz

El pasado 25 de diciembre, el Papa Francisco en la bendición para la Ciudad y el Mundo, Urbi et Orbi, pidió que la alegría de esa fecha iluminase a los colombianos para obtener la anhelada paz.
En una sociedad democrática la paz podrá consolidarse sobre la base de un sistema normativo que interprete la realidad nacional y consulte las cambiantes necesidades del país y la voluntad popular. En 1987, decía Rodrigo Lloreda, que en una sociedad democrática, la convivencia social no puede depender del azar, ni fundarse en la ausencia de autoridad, aunque tampoco ciertamente, en el exceso de ella.
Eso me recuerda este mensaje: "Para el que levanta el puñal del asesino, para el que prende la dinamita cuyo resultado son escombros y despojos humanos, no hay ni puede haber misericordia ni contemplaciones; porque en estos casos toda contemporización es una grave falta, toda debilidad es un delito, faltas y delitos que no perdonan nunca ni la Patria ni la Historia"; el autor fue Rafael Núñez en su mensaje al Congreso en la apertura de las sesiones ordinarias de 1894.
Esa convivencia social entre víctimas y victimarios es el reto de la anhelada paz a la cual se refiere Francisco, pero también es el resultado de un proceso que requiere tener en cuenta las necesidades de una sociedad en plena evolución, que como pueblo, ha perdido la fe en sus líderes e instituciones y que le atribuye a ellas muchos de los problemas del país y no les falta razón.

Así como Lloreda decía:  "No creo en el efecto providencial de las reformas legales ni comparto la noción tradicional de responder a toda crisis con una enmienda constitucional", así estamos todos, incrédulos ante los desconocidos acuerdos; alarmados con la descomposición y la corrupción de quienes hacen cabeza en muchas instituciones; sorprendidos con la inoperancia de la justicia y pongo como ejemplo un proceso que tengo y ha pasado mínimo por cinco despachos de circuito de descongestión y ni aun con la solicitud de vigilancia de la Procuraduría hemos podido desterrar las coimas de la contraparte para que a una viuda le devuelvan su inmueble; la falta de justicia produce desconcierto, luego rabia y eventualmente violencia y, ese es el panorama nacional, que ha de sopesar el gobierno para promover el plebiscito por la paz. El problema es que esos vicios ancestrales, en el fondo son los síntomas del cáncer del conflicto de intereses, más que todo económicos, que mueven hasta a los guardianes del orden a actuar en contra de la ley. Se requiere coraje, decisión y abrir el camino para restablecer la confianza perdida.

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