lunes, 21 de septiembre de 2015

Francisco entre líneas

Con la llegada de Francisco a Cuba, fueron entrevistados algunos sacerdotes que trabajan en la isla y disidentes del régimen político; todos coincidieron en que el mensaje del Papa habría que leerlo esta semana entre líneas.
El viaje del Pontífice, según él, se repite tras el camino abierto que dejaron Benedicto XVI en 2002 y san Juan Pablo II en 1998, pues su recuerdo suscita gratitud y cariño en el pueblo de Cuba y como renovación de los lazos de amistad y cooperación, tras el octogésimo aniversario de relaciones diplomáticas de la Isla con el Vaticano.
Así como Cuba se debe abrir al mundo y el mundo a Cuba, recordando la frase de Juan Pablo II, Francisco alentó al pueblo cubano a seguir adelante en sus esperanzas y preocupaciones para llevar el anuncio del Reino a las periferias existenciales de la sociedad, lo que algunos ahora han dado en llamar, la "Teología del pueblo".
En la Plaza de la revolución, durante su primera homilía, el Santo Padre desarrollo la respuesta a la pregunta ¿quién es el más importante?, un cuestionamiento que nos acompaña toda la vida, desde la infancia hasta en el modo de saber cuáles son los recovecos del corazón humano, pero, para ser verdaderamente importante, nos impulsa a seguir a Jesús dándole un nuevo horizonte a nuestras aspiraciones con la lógica del amor vivido por todos y para todos, lejos del egoísmo, lejos de un elitismo que solo es para pocos privilegiados, criticando la casta gubernativa cubana, a mi entender.
Después, hizo propia esa nación, al hablar de "nuestra isla", donde el día a día debe tener sabor de eternidad, ya que en Cuba el servicio no debe ser ideológico, pues lo más importante no es servir a las ideas sino a las personas, ya que es una nación con gusto por la fiesta, la amistad y las cosas bellas, que camina, canta y alaba, y que aun con las heridas de la lucha, sabe marchar con su vocación de grandeza, tal y como la sembraron sus próceres.
Insistió, en parte al gobierno, sin mencionarlo, que frente a proyectos que pueden resultar atractivos -sería la apertura económica a Estados Unidos-, debe cuidarse la fragilidad de las personas, de la familia, del pueblo, de la sociedad, de los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados que Jesús propone cuidar y amar.
En su camino hacia las relaciones con el capitalismo salvaje, Francisco insistió en que todos -en este caso los cubanos-, debemos cuidarnos de la tentación del servicio que se sirve de los otros para beneficiar a los míos en nombre de los nuestros y que deja a los tuyos por fuera, creando la dinámica de la exclusión.
También para que sigan gozando de su independencia, pero desde la mirada de la justicia, la paz, la libertad y la reconciliación, el Prelado incito a Cuba a cuidarse de las miradas enjuiciadoras al vecino -los Estados Unidos- y a ver la mirada transformadora que pide Jesús sin entrar al servilismo, sino solo a ver en los demás el rostro del hermano, pues quien quiera ser Grande, que sirva a los demás, no se sirva de los demás y, quien no viva para servir no sirve para vivir. Por esa razón, animó a los responsables políticos a continuar avanzando por el camino y a desarrollar todas sus potencialidades como prueba del alto servicio que están llamados a prestar en favor de la paz y el bienestar de sus pueblos y de toda América y como ejemplo de reconciliación para el mundo entero.  
Por otro lado, en el aeropuerto José Martí, Francisco dijo que el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos es un proceso, "signo de la victoria de la cultura del encuentro, del dialogo y del acrecimiento universal por sobre un sistema muerto de dinastías y de grupos", citando así una frase del apóstol de la revolución cubana. A su vez, de manera inteligente, también cito al apóstol católico de la independencia de Cuba, el venerable Félix Varela, quien tuvo que sufrir el exilio y es desconocido por la revolución como prócer de la independencia, pues Cuba como archipiélago que mira hacia todos los caminos, debe ser punto de encuentro para la reunión en amistad de todos los pueblos, por sobre lenguas y barreras, por sobre muros que dificultan el entendimiento y ante la necesidad de que el mundo busque cada día su reconciliación, en esta atmósfera de Tercera Guerra Mundial que por etapas estamos viviendo.
Quiso que su saludo llegara a las personas que por diversos motivos no podría encontrar durante su viaje, así como a los cubanos de la diáspora, sin dejar también, protocolaria y políticamente de pedirle a Raúl Castro que le transmitiera sus sentimientos de especial consideración a su hermano Fidel. 

Así, como "Misionero de la Misericordia" y de la ternura de Dios, Francisco dio inicio a su décimo viaje pastoral, como hijo y peregrino al santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, bandera de todo lo que dignifica al ser humano.

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