viernes, 9 de diciembre de 2011

La primavera en París y el otoño en Tlatelolco.

Qué mejor época para hablar del movimiento estudiantil y más, teniendo en cuenta que nací en 1968 diez días después de la Noche de Tlatelolco, cuando en la plaza de las tres culturas de Ciudad de México, fueron asesinados los estudiantes universitarios por pronunciarse contra el régimen; el hecho fue cometido por el grupo paramilitar denominado Batallón Olimpia y el Ejército Mexicano, en contra de una manifestación convocada por el Consejo Nacional de Huelga, órgano directriz del movimiento, que involucraba estudiantes, profesores e intelectuales, últimos dos grupos que poco se han visto en las protestas chilenas y colombianas. Aún se desconoce la cifra exacta de los muertos y heridos.[] El gobierno mexicano de esa época, presidido por Gustavo Díaz Ordaz Bolaños, dijo que fueron sólo veinte los muertos, pero, en 1971, Elena Poniatoiwska, (en realidad, la princesa Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor, hija del principe heredero Jean Joseph Evremond Sperry Poniatowski, descendiente directo del rey Estanislao II Poniatowski de Polonia— y de María de los Dolores (Paula) Amor de Yturbe), en su libro “La noche de Tlatelolco”, publicó la entrevista de una madre que buscó entre los cadáveres a su hijo y reveló que por lo menos había contado 65 cadáveres en un solo lugar; a esas víctimas se les llamó “los 68 del 68”.

El mismo año 1968, en el mes de mayo, se produjeron en París los hechos de la primavera, que fueron, una propuesta pacífica, alegre y juvenil en las que se hicieron famosas las pancartas, como aquellas con frases como “la imaginación al poder” y “prohibido prohibir”, que mostraron el ingenio intelectual de los estudiantes de pregrado de la Universidad de París, ubicada en la plaza de “La Sorbonne”, que luego fue presentada como “una epopeya transformadora de la política, del pensamiento y de la historia”, liderados por Dany el Rojo, hoy en día el diputado Daniel Cohn-Bendit, estuvo al frente de la protesta estudiantil, la cual reflejó el papel que jugaba la juventud como motor de la transformación revolucionaria. Pero este movimiento, que surgió de manera espontánea, resultó efímero, como está ocurriendo hoy en día.

La reforma a la Ley 30 de Educación Superior, debe ser para la reorganización del sistema, así como de la educación superior, entendida ésta como un bien público, un servicio público y un derecho, por tanto, le corresponde al Estado garantizar su acceso a todos los ciudadanos con mérito para ingresar, para así garantizar el desarrollo de la sociedad y del país.

¿Qué viene ahora? ¿Se concertará un proyecto que este acorde con las necesidades de los educandos, los educadores, el Estado y las Universidades?

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