miércoles, 10 de diciembre de 2014

La pobreza

Cuando se habla de pobreza, generalmente nos estamos refiriendo a familias que se encuentran en los límites del ingreso, considerando siempre, que son, en el caso de Colombia, las que conforman los niveles más bajos de la estratificación socioeconómica. Sin embargo, el Gobierno Nacional por fin se dio cuenta que la pobreza está también en las denominadas “familias vergonzantes” que integran la clase media, muchas de las cuales, por fin podrán acceder a vivienda propia dentro de los planes y políticas dadas a conocer el 28 de octubre.

A través del programa 'Mi Casa Ya', 100 mil familias colombianas de la clase media recibirán apoyo para el pago de la cuota inicial y para subsidiar su crédito de vivienda nueva y podrán pagar su vivienda, sin cuota inicial, con la plata que normalmente gastan en arriendo. Así, para quienes ganen hasta dos salarios mínimos, se les subsidiará la adquisición de vivienda.

De esta forma, Colombia por fin saca a relucir, para todos los estratos, el principio de solidaridad que alienta los primeros artículos de nuestra Constitución Política.



El término solidaridad, es ''una palabra que no cae bien siempre”,  -ha dicho recientemente el Papa Francisco-. La solidaridad que ahora muestra el Gobierno, es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos pocos que concentran la riqueza en Colombia. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales.

Esa solidaridad que incluyeron los constituyentes del 91, sirve, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, para enfrentar los efectos negativos y maléficos del Imperio del dinero: el narcotráfico, el conflicto interno, la violencia generalizada, el desplazamiento forzado, la trata de personas, y todas esas realidades que muchos sufren en nuestro país, algunos en mayor o menor medida.

Ahora, lo que también debemos esperar, es el crecimiento del empleo. Francisco ha mencionado este problema y ha añadido que ''todo trabajador, esté o no esté en el sistema formal del trabajo asalariado, tiene derecho a una remuneración digna, a la seguridad social y a una cobertura jubilatoria. Aquí hay cartoneros, recicladores, vendedores ambulantes, costureros, artesanos, pescadores, campesinos, constructores, mineros, obreros de empresas recuperadas, todo tipo de cooperativistas y trabajadores de oficios populares que están excluidos de los derechos laborales, que se les niega la posibilidad de sindicalizarse, que no tienen un ingreso adecuado y estable”.


Sin embargo, el camino es largo: “No puede haber tierra, no puede haber techo, no puede haber trabajo si no tenemos paz”, esperemos que llegue pronto. Es imposible imaginar ese futuro para la sociedad sin la participación protagónica de todos nosotros.

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