viernes, 7 de febrero de 2014

La nueva primavera


He participado en una sola ocasión en una Convención Nacional Conservadora, la de 1996, en la cual, el Presidente Misael Pastrana Borrero habló de la “Nueva Primavera del Conservatismo”. Esa primavera, está asociada a una condición excepcional  de nuestro país: el carecer de estaciones, aunque sin embargo, para nosotros, el año nuevo es siempre la promesa de la primavera de renovación y de comienzo de nuevas cosas. Por esa razón, hoy, que finalmente muchos reiniciamos nuestras tareas, nos sentimos alegres y encantados de desearnos durante todo el mes el feliz año con todo aquel a quien aún en persona no hemos visto desde el año anterior.

Todo lo que hay en torno a los primeros días de enero nos llena de esperanza y regocijo, pero también de duda acerca del futuro, entre otros, de nuestra centenaria colectividad, cuya Convención se aproxima y en la cual se definirá el papel de nuestro Partido en los comicios.

Vale la pena recordar, que el primer rey de Roma, Rómulo, creó los comicios curiados que no tenían representación de los plebeyos, (había una plebe urbana y una plebe rústica), pues las curias se formaban sólo con las tres tribus que componían el patriciado.

Luego, el sexto rey de Roma, Servio Tulio, realizó el primer censo de la Urbe y reformó los comicios, creando los comicios centuriados. Dividió la población libre en seis clases y cada clase comprendía un número de centurias, en proporción de la fortuna, pues la suma de los tributos debía ser igual en todas ellas. Cada centuria comprendía cien hombres y era un total de 192 centurias distribuidas en 18 centurias de caballeros o propietarios de un caballo, 80 centurias de infantes ricos y 94 centurias de las otras cuatro clases.

Esa participación de la comunidad en las decisiones que los afectan, debería llegar también a los estatutos del Partido. Ser delegado implica haber ocupado un cargo de elección popular o un ministerio, así que nosotros, los que tenemos la cédula partidista en nuestra familia desde la época de Caro y Ospina; los que somos sobrevivientes de la Guerra de los Mil Días, cuando uno de mis tatarabuelos y dos de mis bisabuelos estuvieron en Palonegro y aparecen en el “Gran Cuadro”; los que vivimos la época de la “oposición reflexiva” durante el gobierno Barco; los de la disciplina azul, no podemos ser convencionistas.


Esperamos que esta primavera conservadora sea un renacimiento y no la ruta hacia un otoño de hojas muertas y un invierno sin ilusiones.

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