jueves, 29 de septiembre de 2011

Don Eduardo Torres Quintero, poeta de La Tierra Boyacense

El  escritor y humanista don Eduardo Torres Quintero, nacido en 1903 y fallecido en la tierra de sus luchas y sus sueños el 10 de mayo de 1973. Sobresalió en Tunja, ciudad de sus especiales afectos, como asiduo lector, periodista, catedrático y escritor. “En aquella breve y enjuta silueta corporal se escondía un espíritu superior, y detrás de aquella fisonomía adusta y poco accesible al primer contacto, se reclinaba un alma romántica y de infinita bondad.”, como lo describiera Gustavo Páez Escobar.[1]

Ocupó cargos como Catedrático de Español y Literatura en colegios de la ciudad de Tunja; Jefe del Control de Precios; Contralor General de Boyacá; Inspector de Educación (Hoy Secretaría del Despacho) de Bogotá, D.E.; Secretario de Educación de Boyacá; Diputado a la Asamblea de Boyacá; Director de Extensión Cultural de Boyacá; Director de Divulgación Cultural de Boyacá, donde ejerció importante y reveladora labor cultural y humanística, hasta el punto que ha llegado a decirse, entre otros por Páez Escobar, que Torres Quintero fue el caballero andante de la cultura de Boyacá, que tuvo en él al mejor abanderado de las tradiciones, las humanidades, el fervor por lo ético y lo sublime, y que apasionado por el amor a la patria y al terruño, templó su lira para cantarle a lo más grandioso de la vida, como leeremos más adelante en su “Espíritu de la Tierra”.

Su burocracia ejemplar, llevó a que Torres Quintero fuera considerada “la persona más sobresaliente en el departamento por su cultura, su influjo moralizador en la vigilancia de los dineros y las costumbres oficiales, la disciplina con que dirigía el comportamiento de sus empleados, y como virtud acrisolada, la elegancia que imprimía a todos sus actos. Se explica por eso su exquisita sensibilidad por lo bello, lo noble, lo excelso de la vida, dones que eran talanqueras de su formación y que lo lastimaban cuando no los hallaba en las personas de sus afectos y del trato continuo.”[2]

Perteneció a la llamada "Generación de Los Nuevos". Dirigió acertadamente las revistas "Boyacá", "Cauce" y "Cultura", de importante significación para las letras nacionales y las más relevantes en ese ámbito publicada en Colombia. Fue promotor de la Galería de Autores Boyacenses, en la Biblioteca del Departamento de Boyacá, la cual lleva su nombre.

Su obra poética y literaria, al igual que sus ensayos y trabajos sobre crítica literaria, arte y educación, están compendiados en el libro "Escritos Selectos", publicado en el año 1978 por la Contraloría Municipal de Tunja. En la compilación se aprecian contenidos como "Tunja y sus valores", "Boyacá, entraña de la Patria", "Historia y Tradición", "El Magisterio y su Misión", "Lira Joven", "Fantasía del Soñador y la Dama", etc.

La revista "Repertorio Boyacense" de la Academia Boyacense de Historia, registra varios de sus discursos alusivos a efemérides patrias. Fue redactor del "Heraldo Constantiniano", medio de difusión de los ideales caballerescos constantinianos, editado en Tunja desde 1962.

Torres Quintero, dueño de una prosa castiza y erudita que lo colocan como uno de los grandes gramáticos de nuestra patria, facilitó la lectura e interpretación del Cantar del Mio Cid, efectuando la versión de algunos episodios del poema en Lengua Romance, al castellano moderno.

El escritor Eduardo Torres Quintero, uno de los más grandes prosistas boyacenses, reconocido crítico literario y escritor de los más variados temas, perteneció a las Academias Boyacense de Historia y Colombiana de la Lengua. En 1963, fue distinguido con el grado de Gran Cruz de la Orden Imperial Byzantina de San Constantino El Grande.

La pluma del doctor Eduardo Torres Quintero, expresó el lirismo y el perfil poético que también distinguió a varios de sus hermanos como el político Luis Torres Quintero, Cónsul de Colombia en Canadá; el lingüista y filólogo José Rafael Torres Quintero[3]; el poeta lírico Guillermo Torres Quintero; los generales de la República Roberto y Hernando Torres Quintero, que también ejercieron misiones diplomáticas en representación de Colombia; doña María Elena Torres Quintero viuda de Ronderos, dama de la sociedad bogotana, esposa de don Guillermo Ronderos, importante hombre de negocios y, doña Lucía Torres Quintero viuda de Bock, ilustre dama y excepcional miembro de familia, casada con el doctor Edgar Bock Schroder[4].

El doctor Eduardo Torres Quintero fue el hidalgo que se caracterizó por su generosidad en armonía con la sensibilidad del escritor y del ejecutivo, habiendo sido en esta ciudad nativa-hispana de austeros y discretos hidalgos, que han sido sus emblemas, donde transcurrió la vida laboriosa y poética del maestro, siempre atento al acontecer de la urbe y pronto a colaborarle.

Torres Quintero, al decir de Rafael Bernal Jiménez, era un hombre discreto, esquivo y taciturno, pero también podríamos decir que fue un hombre que según Páez Escobar, hizo de su pobreza una oración, vibró ante la verdad y la poesía y murió como mito en la historia de un pueblo que él veneró y ensalzó.

Muchos lo encontraban drástico, cuando no imperial, por no condescender a la conducta mediocre o al acto rastrero. Para ellos no podía ser el rincón de los elegidos. Si bien comprendía y perdonaba los yerros, pero para no repetirlos, se volvía intransigente con la deshonestidad, la debilidad de carácter o el vicio crónico. Sus fugaces bohemias, atemperadas y armónicas, no autorizaban a nadie al vulgar desenfreno de la conducta, porque él era el primer disciplinado. Quienes más recibían sus dardos, a veces mortales, eran los altos funcionarios del gobierno departamental y los responsables de los bienes públicos, a quienes escrutaba con ojo de águila y no les permitía esguinces y menos indelicadezas.”[5]

La siguiente muestra nos acerca a la sensibilidad telúrica de prosista lírico Torres Quintero, consciente de la tradición y cultura boyacenses, con motivo de la primera muestra de la artesanía popular boyacense y que se presentó en Tunja en 1964, escribió "El Espíritu de la Tierra", del cual transcribimos un hermoso fragmento:

"Se equivocaría quien viniese a conocer la muestra artesanal de Boyacá con la escondida esperanza de encontrar tesoros como los que adornaban las tumbas faraónicas o las que enriquecen los museos de Europa, en donde civilizaciones milenarias narran sus avatares, pero en este caso, lo que vamos a mirar aquí, es sencillo, es ingenuo, imperfecto y también a veces primorosamente sugestivo. La arcilla terrícola, el tiesto moreno y endurecido que energiza su maleable naturaleza en hornos y fogones, sin más lujos que sus tizones y sus brasas. Allí, nombrándose con voces atávicas de sonora raigambre indígena, están la múcura y el chorote; el rogache con nostalgia de arepas; la cazuela que evoca las delicias de una mazamorra campesina. El chusque paramuno, la cañabrava de follaje en verde y en gris y como para que la mano femenina muestre las filigranas que saben y cantan el romance de la delicadez y la ternura, están lo cestos y las canastillas en miniatura, quizás tejidos lentamente mientras algún tiple enamorado, musicaliza la intención de unas coplas rutilantes como el plumaje de los pájaros".


[1] PÁEZ ESCOBAR, Gustavo. Caminos. Armenia, 1982, p. 103.
[2] PÁEZ ESCOBAR, Gustavo, Op. Cit., p. 102.
[3] A él verdaderamente se debe la continuación del Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana. Fue Director del Instituto Caro y Cuervo, al cual ingresó en 1940 como colaborador del genial maestro don Pedro Urbano González de la Calle y falleció el 21 de marzo de 1987, luego de 37 años de servicio a Yerbabuena. Escribió trece libros publicados como autor, coautor y editor, ciento veintisiete artículos diseminados en Thesaurus, Noticias Culturales, Boletín de la Academia Colombiana, Revista Javeriana, Revista Arco, Universitas Humanítica, El Siglo, Revista Cultura y Studium; veinte prólogos a diversas obras y autores, veintinueve discursos y sesenta y nueve reseñas, a más de impecables informes sobre congresos de academias que tuvieron lugar en Madrid y en otras capitales hispanoamericanas civilización y cultura".
[4] Don Edgar, recibió de manos de don Teodoro IX°, la designación como Caballero Gran Cruz de la Imperial Orden de San Constantino El Grande, en 1971.
[5] PÁEZ ESCOBAR, Gustavo. Op. Cit., p. 105.

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