jueves, 29 de septiembre de 2011

Gilberto Abril Rojas, escritor boyacense.

En 1998 tuve mi primer encuentro con el escritor Gilberto Abril Rojas. Yo poco tiempo atrás, en 1996, había recibido la primera edición de su obra “La Segunda Sangre”, en momentos en los que me aprestaba a culminar en la Universidad Complutense de Madrid mi especialización en Derechos Humanos, dentro de la cual, con la dirección del ilustre tratadista don Antonio Truyol Serra, presenté un trabajo de grado titulado “El Cacique de Turmequé, protector de los Derechos Humanos en la Corte de Felipe II”.

También fascinado como Gilberto Abril por la figura de don Diego de Torres, constituí la  Fundación denominada CENTRO DE ESTUDIOS DIEGO DE TORRES Y MOYACHOQUE, CACIQUE DE TURMEQUÉ, entidad sin ánimo de lucro, inspirada en la iniciativa y deseo de sus fundadores de ayudar a fomentar el amor por las humanidades, la promoción investigativa y el apoyo institucional al desarrollo de todas las capacidades académicas del Ser humano en general, para lo cual que se encargará de velar por labores de promoción, protección, defensa, divulgación y capacitación en las Humanidades, la  Historia, la Literatura, las Ciencias y los Derechos Humanos en general, en el ámbito Académico, con el fin de procurar soluciones concretas a los problemas que en esta materias se vivan a nivel nacional e internacional. Dicho Centro, fue protocolizado como Fundación y Centro de Estudios Históricos, mediante Escritura Pública otorgada ante la Notaría Única del Círculo de Cajicá, Cundinamarca desde junio 29 de 2002. Luego se extendió su actividad a un Grupo de Investigación científica en Derecho Constitucional, patrocinado por la Universidad de La Sabana de Chía, Colombia, obteniendo el reconocimiento y luego la máxima Categoría “A” dentro de los parámetros internacionales de medición de la producción científica asignada por COLCIENCIAS.


La vida de Don Diego, apasionante e incitante, fue novelada en “La Segunda Sangre” por el escritor tunjano Gilberto Abril Rojas, periodista y literato, poeta y ensayista, generoso y franco, nacido el 20 de marzo de 1946. Su actividad literaria lo ha hecho ser merecedor de innumerables títulos, condecoraciones y reconocimientos, los cuales, por modestia no incluye siquiera en su página de la Internet, pero que para quienes lo conocen y se los han concedido, son muy importantes, como la muestra del amplio currículum de Gilberto Abril Rojas que menciono adelante.

El escritor Abril Rojas, es Licenciado y Magíster en Teología, Especialista en Literatura Latinoamericana y también Doctor en Humanidades de la Universidad Interamericana de Ciencias Humanísticas de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Ha recibido varios doctorados Honoris Causa en Humanidades, Literatura, Artes, Filosofía, por varias universidades extranjeras como la Senior International University de Canadá; Diandra University, de Montecrestese, Italia; la A.S.A.M. University, de Roma, Italia; International Filo-Byzantine Academy and University, de Miami, EE.UU, entre otras.

Es además, Colegiado Correspondiente de la Liga Internacional de Derechos Humanos y Justicia Social, de Londres, Inglaterra; Miembro de la Asociación Internacional de Escritores y Artistas de Bluffton,  Ohio, U.S.A.; Miembro Correspondiente Extranjero del Instituto Dominicano de Genealogía, Santo Domingo, República Dominicana; Miembro Correspondiente de la Academia Boyacense de Historia, Fundador de la Sociedad Ricaurtense Colombo Venezolana, Co Fundador de la Asociación de Escritores de Boyacá; Miembro Correspondiente del Instituto de Estudios Históricos del Antiguo Reino de la Corona de Aragón, Barcelona, España; Miembro Correspondiente del Instituto Heráldico del Noble Principado de Citeriores, Italia; Académico de Honor de la Academia Euroamericana de Literatura, Arte y Filosofía de Caracas, Venezuela; Ex Presidente de la Asociación de Escritores de La Victoria – AEVIC; Miembro de la Academia Nacional de Heráldica de Colombia; Académico de la Noble Academia del Tirreno, Órgano Permanente del Instituto Superior de Derecho Nobiliario de Ragusa, Italia; Miembro Honorario del Centro Universal de Investigación Aborigen, de Tunja, Colombia; Académico de la Academia Nacional de Letras, Artes y Ciencias “Ruggero IIº de Sicilia”, de Palermo, Italia; Académico de Honor de la Academia Internacional de Ciencias, Artes y Letras de San Francisco, Agripoli, Salerno, Italia; Académico Honorario, Sección Literatura, de la Academia Heráldica UniversalLa Crisálide”, de Catania, Italia; Académico Ad Honorem de la Nobile Academia del Cilento –Academia Nacional de Letras, Ciencias, Artes y Estudios Nobiliarios y Caballerescos-, de Salerno, Italia; Miembro de la Asociación Legitimista Francesa en Argentina; Fundador del Instituto de Altos estudios de África “Teodoro Obiang Nguema Mbasogo” de la Universidad Yacambú, de Barquisimeto, Estado Lara, Venezuela; Miembro del Ateneo de Carora “Guillermo Morón”, Carora, Estado Lara, República Bolivariana de Venezuela; Miembro de Número del Centro Bolivariano de La Victoria y de la Sociedad Bolivariana de Venezuela;  Miembro del Centro de Estudios Latinoamericanos para el Avance y el Desarrollo de la Cultura (Celadec), Caracas, República Bolivariana de Venezuela; Miembro Honorario de la Academia de Historia Romano-Bizantina del Brasil; Miembro de la Academia Constantiniana de Letras, Artes y Ciencias de Palermo, Italia; Miembro Honorario de la Fundación “Acción Social Internacional” de La Pampa, República Argentina; Ccolegiado Correspondiente del Centro de Estudios “Cacique de Turmequé”,  así como fundador del Instituto de Altos Estudios para el Desarrollo y la Integración de África, labor por la cual ha sido condecorado por la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial y por el  Gobierno de esa  nación africana.

Posee la Cruz al Mérito de Servicio, Asociación Nacional del Voluntariado, Áncona, Italia; Orden 25º Aniversario (Única Clase) del Instituto Universitario Experimental de Tecnología de La Victoria, La Victoria, Estado Aragua, República Bolivariana de Venezuela; Diploma de Honor “Homenaje al Emperador Alfonso Iº El Batallador”, otorgado por  servicios a la Asociación de Caballeros de Nuestra Señora del Pilar de Barcelona, España; Medalla con Diploma del Consejo de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, Presidencia del Gobierno de la República de Guinea Ecuatorial; Diploma de Honor con Estrella de Oro al Mérito, por sus altos méritos culturales y sociales,  Academia Nacional de Letras, Artes y Ciencias Ruggero IIº de Sicilia, Italia; Diploma de Mérito por la labor realizada para la salvaguardia del Santuario Nacional Mauriziano, concedido por la Fundación Mauriziana de Pescocostanzo, Italia; Medalla de Oro, en el grado de Académico de la Academia San Francisco de Agripoli, Italia, considerados sus altos méritos reunidos en el campo profesional, cultural y social; Orden de las Letras Victorianas “Sergio Medina” única clase, de la Asociación de Escritores de La Victoria, Venezuela, concedida por su destacada labor humanística; Diploma de Reconocimiento por su dedicación y aportes al conocimiento y divulgación de la cultura, concedido por la Asociación Galaico Venezolana para la Integración Cultural, AGAVICI, de Caracas, Venezuela; las Medallas de San Angilberto, San Constantino El Grande y San Eugenio de Trebizonda; Diploma por su aporte afroamericano al desarrollo y a la integración continental, concedido por el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Integración de África Central y América Latina, República de Guinea Ecuatorial; Académico de la serenísima Academia de Escudos de Armas de Italia; le fue concedido el título de Profesor Honorario de la Academia Teológica de San Andrés de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana de México, en reconocimiento a su labor profesional; así mismo, el Obispo Daniel, Metropolita de esa Iglesia, en su condición de Gran Maestre y Prior General y Guardián de la Orden de los santos Cyrilo y Metodio, le concedió la distinción como Caballero de la Orden, el 15 de julio de 2010, en memoria de San Volodymir, Gran Príncipe de Kiev, Ucrania.

Ha sido jurado de numerosos concursos literarios. En la ciudad de La Victoria, Estado Aragua, desarrolló por varios años, una importante labor de investigación y difusión de la literatura local; así mismo, en nuestra hermana República, se desempeñó por largos años como profesor del Universitario de Humanidades, Ciencia y Tecnología “Cecilio Zubillaga Perera”, en Carora,  y de la Universidad Yacambú, en Barquisimeto, Estado Lara, ambas instituciones  en la República Bolivariana de Venezuela.

Recibió el Diploma de Exaltación, otorgado por el Honorable Concejo Municipal de Tunja, como reconocimiento y aprecio de la ciudadanía tunjana y boyacense, por los invaluables servicios prestados en favor de la literatura de la Ciudad de Tunja, el Departamento de Boyacá y la República de Colombia.

En noviembre 29 del año 2008, recibió Diploma de reconocimiento por su labor Literaria del Ateneo de Barquisimeto, y el 8 de diciembre, el Premio de Literatura “Sergio Medina” otorgado por la AEVIC Asociación de Escritores de La Victoria, Estado Aragua, República Bolivariana de Venezuela.

Con una basta obra literaria, Abril Rojas completó sus primeros cincuenta años con el libro que lo llevaría a obtener el “Gran Premio Internacional de la Novela Histórica, 1995”, otorgado por la Internacional Philo Byzantine Academy and University de Miami, y ahora, se dedica a novelar la vida de otra gran tunjana, la madre Francisca Josefa de la Concepción Castillo y Guevara, poeta mística comparada con la gran santa de Ávila, Teresa de Jesús, con el libro “Asuntos Divinos”, ganador del Premio de Narrativa 2006 otorgado por el Ateneo “Guillermo Morón” de Carora, Venezuela y publicado por la Academia Boyacense de Historia en 2007.

Miguel Prado, Presidente de la Asociación de Escritores de La Victoria, en el prólogo de “Asuntos Divinos”, dice…

Se puede leer con mucho interés y con detenimiento la experiencia novelística entregada por Gilberto Abril Rojas. Es una obra sencilla, preñada de imaginación, de misterios y curiosidades, por el tema imperecedero de una escritora mística entregada en forma clandestina a la ceremonia lingüística, aunque ella vivió en el marco de la colonización distintos agravios, la intención del autor no obedece a una obra ceñida a los cánones establecidos por Gyögy Lukacs, convergiendo solamente en el aspecto de la cosmovisión de la penetración hispana a suelo americano, manteniendo el criterio del sistema de valores y creencias de entonces. “Asuntos Divinos” es una obra que plantea muchas situaciones y grandes alternativas sobre la iniciativa de rescatar una figura del siglo XVII, sobre todo las consecuentes dificultades que presenta la memoria de un espacio del pasado, aunque se haya respaldado de documentos provenientes de la historiografía, tomando en cuenta el escritor un eje novelado que da rienda suelta a sus disquisiciones, desplegando los conocimientos adquiridos en su tránsito literario.

Y más adelante agrega:

El autor boyacense se pone a rescatar del olvido a una poetisa maravillosa, mucho tiempo después de descubrir la riqueza literaria de la religiosa, para mostrar elementos trascendentales y darle el estudio que se merece. Lo hace con las herramientas necesarias de la novela, pero, sin embargo, siente que ha logrado encajar por entero las piezas de rompecabezas que envuelve la existencia de la monja. El resultado de esta nueva novela se debe a muchas horas de ejercicio investigativo y que ha hecho que se evoquen sucesos interesantes que acontecieron en el siglo XVII…
Gilberto Abril Rojas logra legarnos una obra fascinante que puede convertirse en un gran libro de la manera como lo hicieron escritores de nuestro siglo, luego de realizar textos extensos como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante y Fernando Soto Aparicio. Despierta en un tunjano de hoy, esta novela el mismo interés que en un lector hispano parlante.”

Lo impactante de la obra, quizá está no sólo en el desarrollo de la vida de la Madre Castillo, sino en esta frase de cierre de Gilberto Abril: “Con la mirada perdida en el techo, con la marca de la lágrima impresa en la mejilla, Sor Francisca Josefa de la Concepción trataba de unirse a un Dios que se encontró en un Jardín de las delicias, en algún incorruptible paraíso, con el Salvador a la diestra puesto al recibimiento de los nuevos visitantes que llegaban al cielo de los cielos.

Igualmente, Abril Rojas ha recibido el Premio literario de Investigación de la Cultura Bantú, otorgado en el año 2007 por el Consejo de Investigaciones científicas y Tecnológicas de Guinea Ecuatorial – CICTE, en reconocimiento a su novela “Señor de toda la tierra”, en la que reseña la fascinante historia de la rebelión antiesclavista en las minas de San Felipe de Buría, Nueva Segovia en Barquisimeto Venezuela, liderada por el negro Miguel, coronado rey por el negro Canónigo.

La obra “Señor de toda la tierra”, fue publicada por la Dirección General Sectorial de Educación de la Gobernación del Estado de Lara, República Bolivariana de Venezuela, con presentación de la Licenciada Liliana Ojeda, Directora de esa dependencia.

Con prólogo del maestro Fernando Soto Aparicio, quien califica la obra de Abril Rojas como un “sueño de libertad”, esa libertad que se podría sólo encontrar dentro del terreno inabarcable de la historia, “describe las costumbres del Real de Minas de San Felipe de Buría; y se ve la división marcada entre los españoles que ejercitaban la conquista, centrados en Juan de Villegas, gobernador de la Capitanía General de Venezuela, secundado por los capitanes Diego de Losada y Diego de Ortega; y los esclavos que pretenden organizarse en un palenque, y entre los que se destacan las figuras de Miguel, el rey puesto, de Guiomar, su esposa, del negro Canónigo y de otros muchos, que buscan por todos los medios recuperar la libertad que perdieron cuando los cazaron en sus tierras, los metieron en las sentinas de los barcos negreros y los vendieron en las costas del Nuevo Mundo.”

Añadiendo Soto Aparicio la siguiente reflexión:

El hombre, que sigue siendo la suma de todos los misterios;  que no podrá ser explicado ni por la religión ni por la ciencia; el hombre, que es el compendio de todas las preguntas y que no tiene el menor asomo de respuesta, busca la libertad. También busca, podría decirse, algo o alguien superior a sí mismo, y por eso inventa las religiones y los dioses. Busca trascender, aunque es consciente de su finitud irremediable. El hombre, venido no se sabe de dónde ni para qué, y destinado a un futuro completamente incierto, trata de ubicarse en la historia.
Ese deseo, esa voluntad de ocupar un sitio y un tiempo, es tal vez lo que nos justifica. Y tanto tiempo como sitio, presuponen una elección. La libertad, que nunca es absoluta sino que siempre sigue siendo condicionada por la libertad del otro, es buscada, defendida, peleada todos los días y en todas las latitudes. Y tal vez sea lo que, en definitiva, alumbra el leve paso del hombre por el inmenso campo de esta tierra, ancha y ajena, pero entrañablemente amada, porque fuera de ella no tenemos nada Y porque, así no tengamos dónde caernos muertos ni el resto de un surco para sembrar una flor o una espiga, la tierra nos pertenece a todos los hombres, en la medida en que definitivamente somos sus hijos.

Se resalta también dentro del catálogo de obras de Abril Rojas “El paraíso de las desigualdades”, “Canto a guinea Ecuatorial”, “Fin de una batalla perdida”, “Sed de sueño”, “Poesía Colombiana”, “Selección de Cuentistas Victorianos”, “Poesía joven de Colombia”, “Obra poética de Carlos Obregón Borrero”, “Poetas nativos de La Victoria”, “Selección poética”, “Hacia la corrección de los vicios periodísticos en el lenguaje”, “Canción de mayo para Antonia”, “Solicitud tardía” y el “Estudio Histórico Genealógico de la Casa Láscaris”, donde recoge las impresiones y vida de S.A.R. e I., el Príncipe Monseñor Teodoro IX° Eugenio Emmanuel Láscaris-Comneno y Micolaw, Príncipe Porfyrogénito del Imperio Romano Byzantino y desde 1962 como Jefe de la Casa, Duque de Atenas; es además Príncipe Real de Grecia y de Chipre, Príncipe Imperial de Constantinopla, Príncipe  de Tracia, Príncipe de Nicea, Príncipe de Macedonia y Príncipe de Trebizonda, Megaduque del Imperio Romano Bizantino, Duque de Tesalia, Duque de Seleucia, Duque de Comagena, Duque de Pérgamo, Duque de Naupaktos (Lepanto), Conde de Maratón, de Priene, de Sebaste y de Salamis, Gran Maestre Soberano de la Orden Imperial de Constantino El Grande y de la Orden Imperial de Santa Helena, Alto Protector de la Celsísima y Augustísima Orden Imperial Bizantina de San Eugenio de Trebizonda; Jefe, Protector y Alto Patrono perpetuo y hereditario de la Unión de la Aristocracia Bizantina; Presidente de la Academia Internacional Philo Bizantina y de su Universidad; Presidente de la Academia Euroamericana de Cultura y Ciencia de Venezuela, Fundador del Instituto de Cultura Hispánica de Boyacá "Gonzalo Suárez Rendón" y del Comité Regional de la UNESCO en Tunja; Vicecónsul Honorario de Costa Rica en la Ciudad de Tunja; Académico de L´Haute Academie Latine Internationale; Miembro del Consejo Consultivo de la Asociación de las Naciones Unidas en Venezuela ANUV; Director del "Heraldo Constantiniano"; Premiado con la “Madonina de Oro” en filosofía, honor al que solo han sido nominados dos americanos en la historia del premio: Borges y Arciniegas. Gran Collar de la Orden Ortodoxa del Santo Sepulcro, Gran Collar de la Orden de Santa María de Las Mercedes dentro de la Encomienda de San Pedro Claver, Placa de la Mar Océana de la Imperial Orden de Carlos V°, Miembro de la Agrupación Zaragozana de los Exploradores de España, Diploma de Honor de la Asociación de Escritores de Venezuela por su aporte a la cultura hispanoamericana, Fundador y Vice-Director de la Seccional de Filosofía de la Sociedad de Filosofía en el Estado Carabobo y Doctor en Educación honoris causa por la Universidad Yacambú y un larguísimo etc., y fallecido en octubre de 2006 en Venezuela, donde precisamente Gilberto Abril Rojas fue su Canciller-Secretario, confidente y más cercano amigo.

Por otro lado, en “La Segunda Sangre”, la obra sobre don Diego, el Cacique de Turmequé, Gilberto Abril a lo largo de casi quinientas páginas, se introduce en el Tunja de la Real Audiencia, que por poco fuera la capital presidencial y luego virreinal del que sería el Virreinato de la Nueva Granada. En apretadas líneas que nos llevan a conocer el Tunja del siglo XVI, el escritor Abril Rojas resalta la figura del gran mestizo tunjano, primer defensor americano de los derechos humanos. También, antes de comenzar con los seis capítulos del libro, dedica éste a Ulises Rojas, quien rescató del olvido al Cacique de Turmequé; a los escritores Teodoro Láscaris-Comneno y Miguel Prado Mejías, el primero de ellos humanista y helenista por herencia de sangre, de nobleza y de pasión; el segundo, Prado, insigne poeta venezolano. Por último, le dedica a su hijo Christian Frederic Abril Calderón; los que hemos escrito libros y hemos sembrado árboles, sabemos que siempre hay que dedicarles a los hijos de carne y hueso por las horas robadas para engendrar páginas de texto.

Nacido en Santiago de Tunja en 1549, Don Diego de Torres y Moyachoque era hijo de la Princesa Chibcha Catalina de Moyachoque, hermana mayor del Cacique de Turmequé (el hijo de la hermana era quien heredaba el título) y del Adelantado español Don Juan de Torres, quien tiempo antes recibiera un repartimiento de Encomienda por parte de la Corona Española.

Don Diego, educado en la escuela para indios nobles, fue un paladín de la raza indígena a través del trato comprensivo que dio a sus súbditos mientras ejerció sus funciones; veía con claridad las condiciones lamentables en las que se encontraban los nativos, por lo que decidió emprender en 1575 un primer viaje a España para comunicarle al Rey Don Felipe II, las arbitrariedades  de instituciones y funcionarios.

El Rey lo recibió con afabilidad, toda vez que el Emperador Carlos I de España, les había concedido a los Caciques Americanos el Toisón de Oro a perpetuidad, al igual que el tratamiento de Alteza, incluso el de hermano o hermana en algunas de sus comunicaciones. Fue así como el Rey Felipe II envió los documentos del noble indígena con una Cédula para que se le restableciera en su cacicazgo, nombrando un visitador regio para esta Real Audiencia y ordenando sustituir el personal de la misma. De igual forma, El Rey facilitó la estancia del Cacique nombrándole Mayordomo de las Caballerizas de Palacio, cargo que ocupó por más de un año hasta su regreso a América.

Como lo dijo Enrique Santos Molano: “…Gilberto Abril consigue trazar la dimensión humana de un personaje histórico que está considerado como el precursor de los Derechos Humanos. Don Diego de Torres fue todavía más. Fue el precursor de la no violencia. Por defender sus convicciones, y los intereses de su pueblo y de su raza, no apeló a las armas, ni a la rebelión violenta. No aconsejó nunca otros métodos que no fueran los de la razón, el diálogo, la paciencia, como siglos después lo haría el Mahatma Gandhi.” (El Tiempo, 17 de mayo de 1997).

Y, el mítico Germán Arciniegas escribió sobre Abril y Torres lo siguiente:

Sorprendería al Rey esta tozudez del indio peregrino que llegaba con el memorial de la justicia clamorosa, y tendría que rendirse ante la evidencia de sus quejas. El regreso del cacique cierra el primer capítulo de la lucha del americano porque se haga justicia en su tierra. No hay otro ejemplo de una voluntad igual, que logre abrirse paso poniendo el primer eslabón para que vaya abriéndose camino al derecho en el Nuevo Reino de Granada.
Gilberto Abril Rojas, escritor boyacense que ha sacado del olvido de siglos la vida del Cacique, recogiendo toda la documentación que permanecía muerta en los archivos, se ha hecho acreedor a nuestra gratitud y merece todos los elogios. El viaje del cacique de Turmequé es la proeza, no por olvidada menos digna de alabanza, que coloca a los indígenas de la Nueva Granada en primera línea entre los defensores de los derechos humanos en Nuestra América. Turmequé está en el corazón mismo del reino de los chibchas. La elección que el Cacique les da a las autoridades coloniales en América resulta conmovedora por ese empeño en presentar ante el Rey lo que, en justicia, debe considerarse como elemental en el pueblo conquistado.
Abril Rojas, en su libro La Segunda Sangre, abre un estudio que estaba por hacerse. Veníamos escribiendo la historia nacional con un desconocimiento, que ahora salta a la vista, de la dignidad del indio. Reconociendo que el acero y la pólvora y la organización política europea se habían impuesto en América, el indio, que había puesto un oído más atento de lo que parece en las lecciones cristianas, las aprovecha para volverlas como su defensa contra el conquistador abusivo.
Acepta el vasallaje porque reconoce la superioridad militar del invasor, pero le devuelve las elecciones que ha recibido de los misioneros para que vea hasta donde ellas lo obligan a ser cristiano.(El Tiempo, 5 de junio de 1997. Página 5A).

En el segundo viaje que hiciera a la Península en 1582, el Cacique de Turmequé presentó al Rey un extenso memorial de veintidós capítulos en el cual abogó por la defensa de los derechos humanos de los naturales de esas tierras, proponiendo la creación de la figura del Protector General de los Indios en 1584, lo cual se concretaría por Real Cédula de S.M. Felipe II en el año de 1596 (cinco años después de la muerte del Cacique en Madrid).

Según Juan Castillo Muñoz: “La novela histórica de Abril Rojas, es en definitiva, un gran lienzo en el cual el rostro de la América en formación aparece con las líneas que habrán de definirle su futuro.(El Espectador, 2 de mayo de 1997. Pág. 3A).

En cortas palabras, la vida épica y heroica de don Diego, novelada en forma amena por Gilberto Abril Rojas en “La Segunda Sangre”, nos lleva a decir que él, con su lucha diaria para llegar a un sitial de reconocimiento entre los escritores del mundo, y su reciente obra sobre la mística tunjana “Sor Francisca Josefa de la Concepción Castillo y Guevara”,  se convierte, como en un Quijote, en el otro “Cacique de Turmequé”.


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